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Blue Valentine: cuando el amor se acaba…

5 mar


Blue Valentine es el segundo largometraje de ficción del documentalista y realizador televisivo Derek Cianfrance, quien durante once años reescribió 57 veces el guión de este film, sin que ningún productor se interesara por el proyecto.

Blue Valentine es la crónica del amor y del desamor de una pareja tras seis años de relación. Y de cómo se transforma dando paso a una mezcla de sentimientos encontrados como son la culpa, la impotencia y el cariño, y de cómo se pasa de la felicidad más absoluta al hastío y a la desesperación, por causas naturales, sin la presencia terceros ni agravantes externos.

Toda la historia se muestra a través de saltos temporales, que nos ayudan a contextualizar la relación y conocer más en detalle lo que viven y han vivido sus protagonistas. Tanto Michelle Williams (Cindy) como Ryan Gosling (Dean) están increíbles y son capaces de navegar en ambos tiempos haciéndonos partícipes de sus sueños, deseos y malestar. Porque tras el amor eufórico del pasado… les toca lidiar con una tesitura complicada y casi asfixiante de la que no saben como salir fruto de la rutina, de sus propias frustaciones personales y de una evolución paralela sin más puntos en común que la ternura residual, que mantienen por todo el tiempo vivido y por la hija que les une.

La película es cruda, intensa y realista y se abstrae por completo de los típicos artificios made in Hollywood. No hay culpables, sino víctimas tratando de salvar lo insalvable. Y tampoco hay un final feliz, porque no es necesario… A veces las relaciones se acaban y no hay que darle más vueltas.

“Uno siempre debe arriesgarse a fracasar” - Derek Cianfrance -

Maridos y mujeres: un retrato obsceno de las relaciones de pareja

18 feb


“Maridos y Mujeres” es uno de los guiones más logrados del cineasta americano Woody Allen, quien ha declarado en varias ocasiones que se trata de una de sus pelis favoritas.

Sin embargo, ha tenido que ser el director catalán Àlex Rigola quien se haya atrevido a adaptarla por primera vez al teatro, desarrollando una brillante historia en torno a la complejidad de las relaciones de pareja, donde a través de los conflictos matrimoniales subyace también la inercia vital y las inseguridades.

Para este viaje no ha contado con sus intérpretes habituales de Barcelona, y ha recurrido a una estupenda generación de actores como Israel Elejalde, Elisabet Gelabert, Alberto Jiménez y Luis Bermejo, procedentes de la cantera de La Abadía, y a los que se han sumado Nuria Mencía y Miranda Gas. La escenografía la llevado a cabo Max Glaenzel y la iluminación Maria Domènech.

La puesta en escena es muy original, y difiere con respecto al cine, porque en ella hay divanes y sofás que son compartidos por espectadores y actores, consiguiendo que no exista una separación real entre donde termina el actor y donde empieza el espectador.

La obra dura hora y media y a lo largo de toda la función se suceden reflexiones filosóficas muy interesantes entorno al amor, la amistad, los egos, la individualidad, el miedo, la vida… pero de una forma llana y divertida, al más puro estilo Allen.

Yo tuve la ocasión de poder verla el fin de semana pasado y me encantó. Las risas están garantizadas y aderezadas de pensamientos inteligentes sobre los entresijos del amor y las relaciones con los que es muy fácil identificarse…

“El amor es un invento de la Edad Media. Querer y vivir en pareja es algo más profundo. Hay que relajarse y saborear la relación sin esperar que sea siempre como en los inicios” Woody Allen

“El humor es ese gran rasgo de inteligencia, que cuando se produce es el signo que indica que a pesar de los problemas que podamos tener con la pareja o los amigos… todo sigue teniendo sentido entre nosotros” Àlex Rígola

Sinopsis: Álex, escritor y profesor de literatura, y su mujer Carlota, que trabaja en una revista de arte, no dan crédito cuando se enteran de que sus mejores amigos, Alicia y José Luis, aparentemente una pareja perfecta, han decidido separarse. A partir de esta noticia, la pareja comienza a plantearse si su matrimonio se basa en una relación realmente sólida.

Disponible hasta el 24 de febrero

Teatro La Abadía (Sala José Luis Alonso)

C/ Fernandez de los Ríos, 42

Sesiones: Miércoles a viernes: 20 h. Sábado: 19 y 22 h. Domingo: 19 h.

Venta de entradas

> Curiosidades sobre Àlex Rigola:

Àlex Rigola (Barcelona, 1969) retorna a La Abadía, donde dirigió tres espectáculos en registros muy diversos: el feroz “Ubú Rey” de Alfred Jarry (2002), un intimista “Largo viaje hacia la noche” de Eugene O’Neill (2006) y la gamberrada “Días mejores” del estadounidense contemporáneo Richard Dresser (2008).

De 2003 a 2011 fue director del Teatre Lliure. También ha dirigido la ópera “El holandés errante”, coproducción del Liceu y el Teatro Real, y tras finalizar su época frente al Lliure, sus más recientes trabajos son “Coriolano” de Shakespeare y “Tragedia”, poema visual a partir de “El nacimiento de la tragedia” de Nietzsche.

Desde 2010 dirige la sección teatral de la Bienal de Venecia y también es director residente de El Canal, Centre d’Arts Escèniques Salt/Girona.

> Curiosidades sobre Woody Allen:

El cineasta Woody Allen (Nueva York, 1935) siempre ha estado cercano al teatro, desde su debut escénico con “No te bebas el agua” (1968), que permaneció casi dos años en cartel en Broadway, y con “Tócala otra vez, Sam” (1969), que después se llevó a la pantalla; tanto la versión teatral como la película fueron protagonizadas por él mismo y Diane Keaton.

Posteriormente, escribió algunas obras más para el teatro (como por ejemplo “Dios, Muerte”, que luego se convirtió en el filme “Sombras y niebla”, y “La bombilla que flota”) y varias compañías adaptaron sus guiones a la escena (entre otros, “Balas sobre Broadway” y “September”). Actualmente existe un proyecto de adaptar “Balas sobre Broadway” como musical.

En los últimos años, Allen firmó la puesta en escena de varias obras de teatro e incluso una ópera, y en 2011 estrenó, como parte del espectáculo “Relatively Speaking”, dirigido por John Turturro, su obra en un acto Honeymoon Motel.

El Principito y el zorro

10 dic


Hace un par de fines de semana fui a la librería La Central de Callao (Madrid) y me compré una de las diferentes ediciones que existen del relato corto más famoso del escritor y aviador Antoine de Saint-Exupéry, “El Principito” (en francés: “Le Petit Prince”). Y esa misma tarde… ¡lo devoré! (algo bastante factible teniendo en cuenta las dimensiones del mismo…).

Imagino que la gran mayoría de vosotros lo conoceréis o por lo menos habréis oido hablar de él. De hecho, yo ya me lo había leido hacía bastantes años, pero tras una conversación con mi amiga Lola decidí releerlo. Por ello, quiero dedicarle un post a esta gran obra y concretamente a uno de sus capítulos: el XXI (“El Principito y el zorro”). La historia es sencilla, como todas las que conforman este relato, pero a mi me cautivó especialmente por su esencia, que consiste básicamente en cuestionar el estado de nuestros valores. Y principalmente, algunos tan esenciales como la amistad.

En esta ocasión, El Principito está triste porque quiere hacer amigos. Así que, tras haber descubierto unos cuantos planetas y haber conocido a los curiosos personajes que habitaban en ellos, un buen día se topa con un zorro, que está “sin domesticar”, y que le hace reflexionar sobre la necesidad de crear lazos, sobre la idea del arraigo y la responsabilidad, sobre el individualismo, el miedo al compromiso y también a cerca de nuestra capacidad de amar. Conceptos muy actuales, que dejan más que patente el carácter visionario de Saint-Exupéry.

Os adjunto el texto para que conozcáis este antológico pasaje y reflexionéis al respecto. Estoy segura que no os decepcionará. Y recordad: aunque “El Principito” está considerado como un libro infantil por la forma en la que fue escrito y por su historia en un principio simple, todas las deliberaciones filosóficas que encierra son muy interesantes y adquieren mayor trascendencia si cabe en los tiempos que corren.

“No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”

> Capítulo XXI:

Fue entonces que apareció el zorro:

- Buen día – dijo el zorro.

- Buen día – respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta pero no vio a nadie.

- Estoy aquí – dijo la voz –, bajo el manzano…

- Quién eres? – dijo el principito. – Eres muy bonito…

- Soy un zorro – dijo el zorro.

- Ven a jugar conmigo – le propuso el principito. – Estoy tan triste…

- No puedo jugar contigo – dijo el zorro. – No estoy domesticado.

- Ah! perdón – dijo el principito.

Pero, después de reflexionar, agregó:

- Qué significa “domesticar”?

- No eres de aquí – dijo el zorro –, qué buscas?

- Busco a los hombres – dijo el principito. – Qué significa “domesticar”?

- Los hombres – dijo el zorro – tienen fusiles y cazan. Es bien molesto! También crían gallinas. Es su único interés. Buscas gallinas?

- No – dijo el principito. – Busco amigos. Qué significa “domesticar”?

- Es algo demasiado olvidado – dijo el zorro. – Significa “crear lazos…”

- Crear lazos?

- Claro – dijo el zorro. – Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo…

- Comienzo a entender – dijo el principito. – Hay una flor… creo que me ha domesticado…

- Es posible – dijo el zorro. – En la Tierra se ven todo tipo de cosas…

- Oh! no es en la Tierra – dijo el principito.

El zorro pareció muy intrigado:

- En otro planeta?

- Sí.

- Hay cazadores en aquel planeta?

- No.

- Eso es interesante! Y gallinas?

- No.

- Nada es perfecto – suspiró el zorro.

Pero el zorro volvió a su idea:

- Mi vida es monótona. Yo cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen, y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida resultará como iluminada. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los demás. Los otros pasos me hacen volver bajo tierra. Los tuyos me llamarán fuera de la madriguera, como una música. Y además, mira! Ves, allá lejos, los campos de trigo? Yo no como pan. El trigo para mí es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. Y eso es triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. Entonces será maravilloso cuando me hayas domesticado! El trigo, que es dorado, me hará recordarte. Y me agradará el ruido del viento en el trigo…

El zorro se calló y miró largamente al principito:

- Por favor… domestícame! – dijo.

- Me parece bien – respondió el principito -, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.

- Sólo se conoce lo que uno domestica – dijo el zorro. – Los hombres ya no tienen más tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas a los comerciantes. Pero como no existen comerciantes de amigos, los hombres no tienen más amigos. Si quieres un amigo, domestícame!

- Qué hay que hacer? – dijo el principito.

- Hay que ser muy paciente – respondió el zorro. – Te sentarás al principio más bien lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…

Al día siguiente el principito regresó.

- Hubiese sido mejor regresar a la misma hora – dijo el zorro. – Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón… Es bueno que haya ritos.

- Qué es un rito? – dijo el principito.

- Es algo también demasiado olvidado – dijo el zorro. – Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas. Mis cazadores, por ejemplo, tienen un rito. El jueves bailan con las jóvenes del pueblo. Entonces el jueves es un día maravilloso ! Me voy a pasear hasta la viña. Si los cazadores bailaran en cualquier momento, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se aproximó la hora de la partida:

- Ah! – dijo el zorro… – Voy a llorar.

- Es tu culpa – dijo el principito -, yo no te deseaba ningún mal pero tú quisiste que te domesticara.

- Claro – dijo el zorro.

- Pero vas a llorar! – dijo el principito.

- Claro – dijo el zorro.

- Entonces no ganas nada!

- Sí gano –dijo el zorro – a causa del color del trigo.

Luego agregó:

- Ve y visita nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Y cuando regreses a decirme adiós, te regalaré un secreto.

El principito fue a ver nuevamente a las rosas:

- Vosotras no sóis de ningún modo parecidas a mi rosa, no sóis nada aún – les dijo. – Nadie os ha domesticado y vosotras no habéis domesticado a nadie. Vosotras sóis como era mi zorro. No era más que un zorro parecido a cien mil otros. Pero me hice amigo de él, y ahora es único en el mundo.

Y las rosas estaban muy incómodas.

- Vosotras sóis bellas, pero estáis vacías – agregó. – No se puede morir por vosotrass. Seguramente, cualquiera que pase creería que mi rosa se les parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella a quien he regado. Puesto que es ella a quien abrigué bajo el globo. Puesto que es ella a quien protegí con la pantalla. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres para las mariposas). Puesto que es ella a quien escuché quejarse, o alabarse, o incluso a veces callarse. Puesto que es mi rosa.

Y volvió con el zorro:

- Adiós – dijo…

- Adiós – dijo el zorro. – Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

- Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el principito a fin de recordarlo.

- Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante.

- Es el tiempo que he perdido en mi rosa… – dijo el principito a fin de recordarlo.

- Los hombres han olvidado esta verdad – dijo el zorro. – Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…

- Soy responsable de mi rosa… – repitió el principito a fin de recordarlo.

Esquire rules: “Algunas cosas que hemos aprendido de las mujeres”

26 nov


El pasado mes de octubre “La revista para hombre interesantes” celebró su 5º aniversario incluyendo un especial sobre su sección mensual “10 cosas que aún no sabes de las mujeres”. Un par de folios que recogen algunos consejos para que nos conozcáis mejor… ¡Al loro! :)

La química del amor

17 sep


¿Alguna vez os habéis preguntado porque nos enamoramos? Supongo que sí…

Lo curioso es que aunque no lo creamos el amor es como una droga. De hecho, nuestro cerebro responde al deseo, a los sentimientos y a los vínculos mediante un cóctel químico, como si se tratase de un laboratorio. Porque como apuntan los expertos: el amor es física, pero también química.

Asimismo, la ciencia lleva más de dos décadas tratando de desgranar sus causas y consecuencias. Y de hecho, las Universidades de Concordia (Canadá), Syracuse y Virginia Coccidental (EE.UU) ya han descubierto que el amor afecta a varias áreas cerebrales y produce descargas neuronales… ¡Electricidad! ¿Interesante, no creéis?

Resulta que son dos estructuras, la ínsula y el núcleo estriado, las responsables del amor y del deseo sexual. Aunque cada una de ellas nace de forma distinta. Es decir, la primera se activa solo con sentimientos de amor, y la segunda con el deseo. Y sorprendentemente este proceso sucede de la misma manera tanto en hombres como en mujeres.

Otra curiosidad a tener en cuenta es que el amor romántico se inicia cuando nuestro cerebro asocia una persona con una recompensa y un deseo. Esto implica, según los expertos, que no existe el amor a primera vista, ya que necesitamos tocar, sentir y consumir ese deseo con la persona en cuestión. No obstante, nuestro cerebro hace una diferencia clave: el deseo se activa como un estado de ánimo ante algo específico (una persona, una situación o un objeto), mientras que el amor lo hace de forma más compleja, abstracta y flexible, relacionándose con la motivación, la expectación y la formación de los hábitos.

Por otro lado, y mucho antes de llegar al amor en mayúsculas, se ha descubierto que existen fases previas. La química es la responsable de las mariposas en el estómago, las miradas complacientes y los enfados pasionales. Y según Helen Fisher, antropóloga en la Universidad de Rutgers (EE.UU), en una primera instancia el deseo se produce por la secreción de estrógenos en el caso de las mujeres y testosterona en el caso de los hombres. Y cuando nos enamoramos es la dopamina (en este estado producimos hasta 7.000 veces más de lo habitual) la causante del cóctel de emociones que sentimos de manera descontrolada. Así que junto con la oxcitocina, responsable de que la pareja se sienta más vinculada, y las fenilaninas, creadoras del entusiasmo, la lógica y la razón quedan anuladas.

Por suerte y como ya sabéis esta ceguera es transitoria. Porque aunque en un principio se activen zonas del cerebro como el córtex anterior cingulado, con el tiempo el amor se calma. Y la causante de este proceso se llama vasopresiona, una hormona estabilizadora fruto de la evolución, que garantiza la supervivencia de la especie.

Pero… ¿porqué nos enamoramos de una persona y no de otra?

Los expertos no se ponen de acuerdo, pero parece que las claves residen en el olfato (esto significa que escogemos a aquellas personas que tienen un olor muy distinto al nuestro porque, como mamíferos que somos, este criterio garantiza que la pareja escogida asegure estabilidad y mejore la especie) y en que tendemos a enamorarnos de las personas que tenemos a nuestro alrededor y de aquellas que resultan misteriosas…

Sea lo que sea… y aunque la ciencia asegure que la culpa la tiene la biología, la evolución y nuestra parte más animal… lo que está claro es que la vida sin amor no tiene sentido.

> Entrevista de Eduard Punset a Helen Fisher